Hoy he
decidido hacerle un pequeño homenaje al baluarte de mi vida, al timón de mis
raíces, a la sabiduría personalizada.
Hoy me siento capaz de poder dedicar pequeñas palabras a alguien que me levantaba cuando me caía, alguien que me gritaba entre pena cuando aquel niño travieso le moldeaba su patio tan cuidado a base de imaginación sin pudor.
Su capacidad iba muy por encima de su edad, de su vida también y de los palos que se llevo por culpa de trabas que nos marca la muerte, la cual siempre juega a lo que ella quiere, sin importarle nada ni nadie.
Aun sonrio cuando me escondía los juguetes antes de reyes y yo iba días antes buscándolos con mi hermana lleno de ilusión, claro, astuta como ella misma jamás encontramos nada, aun sonrío.
Una vida sin una palabra malsonante, sin una discusión con nadie, siempre con talante, con un saber estar exquisito, sentada a la derecha del salón, tu sofá y debajo de tu cojín tu rosario tan preciado que tantas veces cogiste entre tus manos para pedirle por todos tus seres queridos. Hoy he decidido hacerte este pequeño homenaje porque cuando perdiste a tu hija le distes una lección a la vida y a la muerte, porque cuando perdiste a tu amor, le distes una lección a la vida y a la muerte, porque cuando la muerte te busco supiste burlarla con la diplomacia que siempre te caracterizo. Hoy he decidido hacerte este pequeño homenaje porque quiero que leas mis letras, porque se que te gustan mis palabras, porque se que lloras cuando lees mis humildes escritos.
Hoy abuela callo ante ti y sigo aprendiendo.
Pílon
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