jueves, 23 de abril de 2015

LA IGNORANCIA DEL IGNORANTE


Un día nos levantamos ricos, otros días somos demasiados populares, otros tantos queremos engañar al pobre, robar al desamparado, presumir de lo material, algún que otro pensamos en ser adinerados, burgueses porque el plebeyo no se lleva. Todos nacimos y venimos del mismo sitio, aprendemos a andar, a correr y a comer de la misma manera, de padres distintos, familias distintas y educación distinta. Poco a poco se perfila una vida que a cada cual le toca vivir de una manera y yo diría que a veces contenciosa y afana. 

Un día estando comprando chocolate llego un joven de unos 30 años, moreno de piel tersa, apuesto y de buen ver, con gabardina por los hombros, guantes de cuero negros y mascota. Dado que los prejuicios en su momento aprendí a dejarlos a un lado así lo hice y siempre lo hare, pero cabía resaltar en el fardo del bolsillo de su camisa como asomaba un fajo de billetes de los grandes. El dependiente se quedo mirando por el asombro, y el joven apuesto respondió con la ofensiva de: “si señor el que puede puede, así son las cosas”. El joven pago y se marcho de la tienda con aires de caballo andaluz en pleno rejoneo. 

3 años después volví a la chocolatería y hablando con el dependiente llego de nuevo el joven, no parecía tener 30 años mas bien 50, con botas viejas agujereadas y un chaleco verde botella perforado por la mugre, con barbas de semanas y oliendo a alcohol por todos sus poros. El dependiente le obsequio con una barra de pan y un poco de agua para que pudiese comer al menos ese día.  El dependiente miro al joven fijamente a los ojos y este sin pensárselo dos veces, murmuro con voz tranquila, “si hijo, el que puede puede y así son las cosas”. 

La humildad nos engrandece por día. 

Pílon

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