miércoles, 22 de abril de 2015

VISITANDO SUELO SANTO


Hace días que me levante con un propósito, después de quizás uno de los acontecimientos que mas han marcado mi vida, y quizás la vez que mas miedo he sentido en mi cuerpo. Esos acontecimientos hoy día perduran y espero que no sea por mucho tiempo, hace días que en mi mente me ronda la idea de agradecer a esas personas que de una forma siempre mística, me ayudan cuando mas lo necesito, aunque no puedan hablar, aunque no puedan mostrarse, aunque no pueda verlos y expresarles mi gratitud, pero siempre rondan los sitios que yo rondo siempre están donde yo estoy, y siempre cuidan de mi y mis seres queridos.

Hoy visite suelo santo, antes de entrar a dicho lugar podía sentir como el suelo quemaba, el sol no perdona, pero justo cuando cruzo el umbral y entro en suelo santo, todo cambia, el sol es menos sol, las chicharras cantan sin parar dandome la bienvenida, noto como toda la gente se alegra por una visita carnal. En mi mano llevo 5 tulipanes uno por cada ser caído, como muestra de pleitesía por cuidarme y para dedicarle algunas palabras impolutas. Cada vez que me acercaba a un responso sublime notaba como con fuerza ondeaba el aire sobre mi cabeza, como si  la brizna de los tulipanes cobrasen vida,  con fuerza susurraba mis oídos,  me hablaban y estimulaban mis sentidos. Querían responderme y yo lo se, aunque no pudiese entenderlos, aunque notasen mi preocupación en mi rostro en mi piel en mi alma. A mi despedida podia palparse la calma, el silencio, el respeto, y la gratitud de mi visita y mi gratitud por su amor.


Pílon

LA MUJER MULETA


Entré sin hacer mucho ruido, el local estaba lleno de gente murmurando, rozando el vocerío, no se podía disimular el olor a comida recién preparada lista para comenzar. Varias reuniones de amigos reían contando las vivencias típicas de la vida, pedí mesa para comenzar con el banquete sobre las 2:12, nada parecía raro un día mas de una vida normal.

No había recibido el primer plato cuando se abre la puerta de aquel local, era un hombre de mediana edad patidifuso, un tanto agobiado pero con solidaridad en sus ojos, pensé que venia solo hasta que con un brazo y de manera pudiente abrió las dos hojas de aquella incomoda puerta, entonces la vi a ella no lo podía creer, era la mujer muleta, sofocada, con la respiracion agitada por el cansancio y arrastrando los pies sujetandose por dos largos palos gruesos con empuñaduras de metal gastadas por los esfuerzos, aun le costaba mas respirar dentro de aquel local lleno de ambiente cargado, casualmente todas las mesas estaban llenas de gente, nadie se inmuto para mirar siquiera a aquella bella pero torpe mujer. El hombre que la acompañaba le ayudaba para poder moverse y andar, nadie le ofreció una misera silla, nadie dejo de comer para poder auxiliar a aquellas dos personas en aquel incomodo momento. En ese preciso instante llega mi plato entrante, quedo perplejo, no doy crédito a como tantas y tantas personas podían seguir comiendo mientras la mujer muleta se tambaleaba mirando a un lado y a otro recostada en la barra con su frente sudorosa por el largo paseo.

No pude seguir, no estaba dispuesto a encomendar mi alma al diablo, llame a la camarera para decirle que no comería, que me pasase la cuenta y le diese mi mesa a la mujer muleta y su acompañante, la camarera me miro, dudo un instante sin saber que hacer ni que decir, yo asentí con mi cabeza afirmandole mi decisión, a lo que ella amablemente respondió, ahora mismo. Me trajo la cuantía la cual abone y de paso le dije que por favor hiciese pasar a la mujer muleta y su querido y afable amigo a mi mesa, y así fue, para cuando llegaron yo ya no estaba, eso si, el día estaba radiante, el sol estupendo y mi sonrisa mas llena que nunca.

Pílon

UN ROSARIO EN EL SOFÁ



Hoy he decidido hacerle un pequeño homenaje al baluarte de mi vida, al timón de mis raíces, a la sabiduría personalizada.

Hoy me siento capaz de poder dedicar pequeñas palabras a alguien que me levantaba cuando me caía, alguien que me gritaba entre pena cuando aquel niño travieso le moldeaba su patio tan cuidado a base de imaginación sin pudor.
Su capacidad iba muy por encima de su edad, de su vida también y de los palos que se llevo por culpa de trabas que nos marca la muerte, la cual siempre juega a lo que ella quiere, sin importarle nada ni nadie.

Aun sonrio cuando me escondía los juguetes antes de reyes y yo iba días antes buscándolos con mi hermana lleno de ilusión, claro, astuta como ella misma jamás encontramos nada, aun sonrío.
Una vida sin una palabra malsonante, sin una discusión con nadie, siempre con talante, con un saber estar exquisito, sentada a la derecha del salón, tu sofá y debajo de tu cojín tu rosario tan preciado que tantas veces cogiste entre tus manos para pedirle por todos tus seres queridos. Hoy he decidido hacerte este pequeño homenaje porque cuando perdiste a tu hija le distes una lección a la vida y a la muerte, porque cuando perdiste a tu amor, le distes una lección a la vida y a la muerte, porque cuando la muerte te busco supiste burlarla con la diplomacia que siempre te caracterizo. Hoy he decidido hacerte este pequeño homenaje porque quiero que leas mis letras, porque se que te gustan mis palabras, porque se que lloras cuando lees mis humildes escritos.

Hoy abuela callo ante ti y sigo aprendiendo. 

Pílon

EN LA TRINCHERA



Se me hace tan difícil escribir de ti como a ti de mi estoy seguro, pero ese recuerdo tan fresco que tengo de ti se asoma lentamente, quizás como tu en aquella trinchera para ver venir al enemigo. Puedo probar el sabor de la tierra mezclado con la pólvora, y puedo ver por donde vieron aquellos ojos tantos y tantos caídos.
Me cuesta escribir pero me ayudas, aun recuerdo el entrar en tu celda siendo prisionero de guerra, donde me dijiste siéntate a mi lado y aprende. Puedo anhelar tus ojos tristes y llorosos recitando el poema de la paloma alicortada que tu escribiste en tantos días de penumbra con solo la compañía de la humedad y tu pluma. Hace poco fui al campo y pase por donde tu pasastes, me preguntaron por ti las amapolas y los geranios, la higuera y los sauces, les dije que estabas abriendo las compuertas del cielo. Te tengo preparada una sorpresa para cuando me reúna contigo, te sentare en tu silla de ruedas y pasearemos por el cielo volviendo a escuchar tus batallas narradas por ti.
Jamás podré escribir ni describir tanto que me distes en sangre y en alma a pesar del parecido, pero hoy te sigo echando de menos.

Aun hoy abuelo guardo tu coraje y tu fusil.

Pílon

EL PENAL NÚMERO 105



Las agujas de un sucio reloj con manchas de pintura en sus cantos se detienen a las 19:50. En una celda fría, Clarín mira el reloj fijamente con la sensación de otro día menos en su ansiada y amarga vida. A lo lejos algunas tararean una murga nupcial, otras maldicen a pleno pulmón la escasa empatía de unos santos sordos a unas plegarias que nunca llegan. Clarín es muy delgada, de piel suave y fina como el terciopelo, de ojos verde oliva, con cabello largo y rubio y de mirada pura, como el manantial más virgen. Clarín toma el Rosario de su abuela el cual guarda desde antaño debajo de una litera, y se dirige a confesarse. Todo es silencio, todo. Solo se oyen palabras que emanan pensamiento en verso, y la confidencia a unos barrotes disfrazados de óxido, por los que caen lágrimas saladas de arrepentimiento en honor a sus hijos.
Mi culpa es la deuda de mi destino murmuro Clarín con voz bajita, cada año de condena es un centímetro de asta fina dentro del demonio que pintaba mi cara de un color puño cerrado.
Es el último día en el penal, Pero aún le queda un último trago. Clarín camina con la mirada turbia hacia un pasillo oscuro, el silencio se apodera del momento, la humedad en las paredes de hormigón frío son como escarcha de nieve. Solo se palpa el rastro de los zapatos en el grumo del cemento. Pero a lo lejos se ve la claridad, la esperanza. Las agujas del reloj que hay en la celda de Clarín vuelven a sonar en tic-tac. Para Clarín el funcionario de prisiones es un angel que le abre las puertas del cielo, cruza el umbral y da de cara a una montaña, ella sola y el mundo. Respira de manera profunda veinte veces con los ojos cerrados, una por cada año en cautiverio y al instante coge su petate y comienza a caminar a orillas de la carretera que la conduce a su nueva vida.

Pílon

LA NIÑA CON EL PELO CORTO


10:13, planta baja de un hospital, todo parece ser una mañana mas de tantas, la gente entrando y saliendo de una cafetería modernista con olor a tostadas y cafés. Decido pedir un zumo de naranjas y sentarme junto a la bocana de entrada a dicha cafetería, no pasan ni 3 minutos cuando llega ella, llega María. María tiene 5 años, piel blanca, ojos verde oliva y cara fina angelical, de mirada tierna como el rocío de la mañana, transparente como el agua cristalina del nacimiento mas virgen, con paso lento pero constante y agarrada de la mano de su madre cruza aquella entrada triunfal.
Observo que por unos instantes clava su mirada en la mía y noto que se cruzan sentimientos compartidos, ella diciéndome si sabia porque la gente la miraba..... si era por su falta de bellos en su cuerpo o porque le susurraban al oído que el tiempo es vida, y yo por reencontrarme con el pasado incierto de la leucemia en soledad de parte de mi, en días de penumbra 13 años atrás. No puedo evitar el reflexionar sobre instantes de la vida, no puedo parar de pensar sobre el valor entre la vida y la muerte, no puedo dejar de flagelarme con la idea del porque no erradicar esa maldita enfermedad, cuando de repente María vuelve por aquel pasillo con aires de modelo y su tostada en la mano, alejándose en el olvido aun tiene tiempo para volver su cabeza, clavarme de nuevo su mirada llena de esperanza y dedicarme la sonrisa mas bonita que jamás haya visto.

Gracias María, nos volveremos a ver en esta vida o en la otra.


Pílon