jueves, 10 de diciembre de 2015

LA PLAZA DE LAS FLORES

Cuentan que a la entrada de la plaza de la Romanilla siempre había olor a flores, cuentan que el fulgor del aroma impregnaba las piedras de la Alhambra.
Temprano, demasiado temprano, con su moño de canas recién peinadas y una falda azul de paño, se esconde tras un carro esa anciana floreada. Sin un lamento, sin un sollozo, ella sola cargada con su centenario, su carro y su silencio. Al compás de su tijera, caen las ramas de los tallos dolidos en la acera compañera. Ella y su plaza, solo ella...
La gente miraba perpleja con la humildad que acariciaba las flores, y resuenan campanas mientras cruzo esa plaza floreada. Pero le faltaba algo a mi emoción, me acerqué a su oído y le confesé un secreto, ella sonrió y me dijo casi sin salirle la voz de su cuerpo... Joven mis últimos pasos serán hacia ese banco con una flor en la mano. 


En homenaje a esa dulce anciana 

Pílon

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