lunes, 13 de julio de 2015

MÍSERA LEUCEMIA



Tiendo a partir hacia una cita esperada, después de una noticia mal parida e irrespetuosa que el destino quiso cambiar.
Subo solo por el ascensor de un hospital frio cayendo la noche, no me cruzo con nadie, quizás por la zona desvalida y solitaria donde se encontraba descansando mi mitad. Tan solo tengo dibujado en mi mente, el número de la habitación y una conversación improvisada. Llego y está vacía, pero entiendo que mi mitad llegará en tan solo momentos. Mi miedo me atrapa y traspasa, por lo que me veo obligado a esconderme detrás de una fina cortina blanca, desde donde puedo divisar la mísera leucemia de manera distante. Ese momento incomodo es lo más parecido a un comentario mudo o aun aplauso sordo. Carente de palabras llega mi mitad, y me siento a su vera en la cama con una revista en la mano, solo entiendo a esbozar una sonrisa rota por la inexperiencia de mi edad temprana. Demasiada unión y complicidad entre ambos como para que el dolor y el amargor incordiasen nuestra conversación.

Aún hoy esa herida sigue sangrando como el primer día, tengo asumido que por siempre será, ni mi mente ni mi alma siguen preparadas para asumir tu partida, siendo egoísta tampoco lo quiero, pienso que la mejor manera de recordarte es sufriendo en soledad la falta de mi mitad en mi interior.

Reflexiono…y pienso que es inevitable el llorar, quedar inmóvil o nostálgico, cuando sea de forma directa o indirecta, miras a la muerte fijamente y de manera plausible se hace notar. Aún me queda sentir si es cómplice o arrogante.


Pílon

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