jueves, 7 de mayo de 2015

EL CROMOSOMA 21

Nadie sabía lo que pasaría al nacer, probablemente una ruleta como otras tan inciertas, o como el destino caprichoso y solemne el cual quiere pronunciarse por instantes.
La mañana estaba nublada, llevaba una semana con dolores y muy temprano dijo de venir. Después del rato amargo y el dolor agudo, asomaban muy cerca los pasos del enfermero para traérmelo y decirme: “Señora nació con síndrome de Down” me quise morir, se me vino el mundo encima, pero cuando lo vi con esos ojos pardos y rasgados me temblaron las piernas, entre la mezcla agridulce de la alegría y el miedo. Y miren ustedes que a sus 20 años sigue balbuceando y llegando a mi cama como cuando aprendía a andar, y de su mano lo llevo al parque a que se llene sus pantalones blancos de tierra, esa tierra que yo froto y lavo tan gustosa, y que vuele por esos toboganes como si estuviese por las nubes del cielo. Cuantas hurracas retrogradas clavan sus miradas en el, cuantos ejércitos cruzados por un paso de cebra se fijan en su cara, pero no lo tomo como un desafío, no porque para una madre su hijo carece de aspectos.


Pílon

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