Con 16 primaveras y las ventanas de par en par, los olores lejanos atraen a dos desconocidos uno a cada lado de
la pared. Sin verse podían palparse el termómetro de sus corazones.
El pensando lo guapa que era, y ella soñando con su silueta dibujada. Acordándose
hoy, lloran por aquella noche donde los golpes menudos de unos nudillos sordos,
se sustituían por palabras calladas convirtiéndose en magia.
Sin que se enteren tus padres, quítate el pijama y descalza salta por la
muralla de la alegría…tú tranquila que yo te cojo la mano y paseamos por la
orilla entre lo desconocido y lo ingenuo, verás que bonito está el cielo, mira como
están vestidas las nubes, mi tiempo me ha llevado pintarlo.
Me ha leído la mano el ángel de una anciana ciega y dice que el sueño no
dura más de tres inviernos y que el amor se muere, que queda marchitado como
una amapola sin agua y sin vida.
Si ya llevo contigo más de lo que el destino nos ha prohibido, será
porque a tu vera yo quiero envejecer. Hoy ya no está esa pared confidente de
noches y noches y tus labios puedo besar con la maldad inocente de un niño al
empezar.
Y déjame decirte algo antes de que el tiempo nos separe para siempre…cuando
se nos vaya la vida, te espero en mi valle, donde te seguiré queriendo.
Pílon
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