Vardimon era uno de esos artistas sublimes que se ocultan tras cuatro paredes y que solo trabajan cuando ellos quieren y para quienes ellos quieren. Retraído, introvertido, timido, atento y con un talento que dejaba mudo a todos sus demás sentidos. Es cierto que tenía un vinculo muy estrecho con Eliana, no podía ocultar que el amor que sentía por ella era tal que sus celos lo comían por dentro, incluso cuando la peinaba el levante y la miraban los taberneros.
Eliana era dueña de una tienda de antigüedades que se encontraba en la ciudad, también participaba muy de vez en cuando en obras de teatro como pasatiempo, ella era la única que podía entrar en aquella cuadra misteriosa recubierta de arte, ella era el mejor baluarte que tenia Vardimon para poder asomarse una vez al mes por aquella ventana estrecha, y poder verla bajando la cuesta larga de tierra, con melena larga y paso firme, con zapatos de tacon ancho y falda entallada, con pañuelo bordado en cépia con las iniciales de su familia, “ Villairin”.
6 de Noviembre, ya entrada la noche se asoma por la cuesta entre la niebla un candil lejano, y empuñándolo Ranel, un anciano de 78 años y director del teatro La Platea. Lo que ni por asomo podía imaginar Vardimon era que Ranel iba con la intención de hacerle una oferta irrechazable. Por un lado tallar la platea principal del teatro y obtener el reconocimiento en público de todo el pueblo, a lo que Vardimon se negó rotundamente, y como segunda opción poder observar la obra de teatro desde bambalinas a lo que Vardimon sin pensárselo accedió sabiendo que la protagonista de la obra era Eliana.
20 de Diciembre, lluvia entre paraguas, botas altas y gabardinas para asistir a la gran obra de teatro llamada la “Encrucijada”. Llega el respetable y se acomodan en las butacas de cerezo tallado, todo el mundo queda perplejo de aquella obra de arte entre columnas en la primera fila del teatro. Vardimon espero a que todo el mundo estuviese sentado para entrar por la puerta trasera, pasar por los camerinos y alojarse en el mejor sitio de todo el teatro, entre las bambalinas del famoso teatro La Platea.
Entre versos y estrofas Vardimon observa completamente inquieto y con el corazón acelerado, con los ojos esféricos y radiantes, ese último aplauso en pie desde la primera fila hasta el gallinero. Mientras Eliana saluda, Vardimon se aleja y regresa por aquella bajada interminable hasta sus aposentos y descansar para siempre sumido en sus recuerdos.....
Pílon
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